“Contrabando”: tres voces femeninas frente al fuego del poder

Por: Jazmin Salinas.

En el Teatro Rodolfo Usigli se levanta un relato que arde en cada palabra. “Contrabando”, de Víctor Hugo Rascón Banda, es una pieza que se adentra sin rodeos en el universo de la violencia, el narcotráfico y las heridas que deja el poder. Pero más allá de los titulares y los estigmas, esta puesta en escena se centra en lo esencial: la mirada femenina, la resistencia, y la capacidad de seguir respirando en medio del caos.

La dirección apuesta por un lenguaje sobrio y contundente, donde cada silencio pesa tanto como un disparo, y cada gesto revela la fragilidad y la fuerza de las protagonistas. En escena, tres mujeres —Damiana Caraveo, Jacinta y Conrada— se enfrentan a su destino con una mezcla de coraje, miedo y dignidad, encarnadas por un elenco que sostiene la intensidad del texto con una solidez admirable.

Eileen Yáñez, con una carrera que abarca cine, teatro y televisión, da vida a Damiana con una profundidad conmovedora. Su interpretación combina la vulnerabilidad del despojo con la fiereza de quien se niega a desaparecer. Formada en la ENAT y nominada al Ariel, Yáñez demuestra una vez más que es una de las actrices más completas de su generación.

A su lado, Azalia Ortiz aporta experiencia y temple escénico. Exintegrante de la Compañía Nacional de Teatro, su presencia en el escenario es magnética. Ortiz construye una Conrada compleja, dividida entre el dolor de la pérdida y la responsabilidad del poder. Su voz y su energía escénica dotan al montaje de una densidad emocional que trasciende el texto.

Roberta Burns, por su parte, sorprende como Jacinta. Con una carrera en ascenso, imprime al personaje una sensualidad contenida y una fuerza incómoda, desafiando al espectador a mirar más allá de los estereotipos. Burns representa a esa mujer que, en medio del miedo, decide actuar y no ser solo testigo.

“Contrabando” no busca moralizar ni victimizar. Su fuerza radica en mostrar cómo las decisiones, incluso las más desesperadas, se inscriben en un sistema donde sobrevivir es una forma de resistencia. Es un retrato de país, pero también un espejo de humanidad.

El montaje logra conjugar la crudeza del contexto con una narrativa íntima y poética, donde las luces, el sonido y el ritmo escénico se entrelazan para crear una atmósfera que no deja indiferente. El público no solo asiste a una historia: la vive, la incomoda, la piensa.

En tiempos donde el teatro mexicano busca reconfigurar su voz frente a la violencia y la desigualdad, “Contrabando” emerge como una obra necesaria. Una propuesta que le da rostro y voz a las mujeres que han sido testigos, víctimas y sobrevivientes de un país en llamas.

Si te la pierdes, pierdes. Nos vemos en el teatro. Hasta la próxima función.

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