Por Jazmín Salinas
La tragedia de William Shakespeare vuelve a la escena mexicana, pero no como se conoce. En esta nueva adaptación de “Rey Lear”, dirigida por Angélica Rogel, el poder deja de ser una corona para convertirse en algo más cercano, más reconocible y, por ello, más inquietante: el control emocional dentro de una familia… y de una compañía teatral.
Presentada en el Teatro Helénico, esta versión contemporánea —realizada por Woo Teatro en colaboración con el productor Óscar Uriel— rompe con la solemnidad tradicional del clásico para proponer una lectura íntima, donde el escenario se convierte en un espacio de confrontación emocional.
Aquí, el Rey Lear se queda sin poder tras decidir dividir su reino entre sus tres hijas. Lo que parece un acto de transición se transforma rápidamente en un experimento afectivo: exige pruebas de amor, mide la lealtad en palabras y termina desatando una tragedia donde la verdad es castigada y la simulación se vuelve moneda de cambio.
En el centro de esta propuesta se encuentra el maestro Luis de Tavira, quien ofrece una interpretación poderosa, contenida y profundamente humana. Su Lear no grita el poder: lo pierde lentamente. Cada gesto, cada silencio, construye la caída de un hombre que se enfrenta a su propia fragilidad, en un entorno donde ya no puede distinguir entre lo real y lo representado.
El montaje apuesta por una estética minimalista que elimina distracciones para colocar en primer plano la palabra, el cuerpo y la emoción. Esta decisión escénica potencia el trabajo del elenco —Mayra Batalla, David Calderón, Mariana Gajá, Mauricio García Lozano, Mariana Giménez, Alejandro Morales, Diana Sedano y Raúl Villegas—, quienes sostienen una narrativa coral donde cada personaje refleja una forma distinta de ambición, miedo o supervivencia.
La adaptación de Rogel no solo traslada el contexto: lo resignifica. En esta versión, el teatro dentro del teatro funciona como metáfora de la vida misma, donde todos interpretan un papel y donde la autenticidad se vuelve un riesgo. La obra plantea preguntas incómodas: ¿qué estamos dispuestos a decir para ser amados?, ¿qué tanto de lo que mostramos es verdad?, ¿qué ocurre cuando el poder exige afecto como condición?
Más allá de su estructura dramática, “Rey Lear” se presenta como una radiografía emocional sobre el despojo. El despojo del poder, de la identidad, de los vínculos… y finalmente, de uno mismo. La locura, lejos de ser un exceso, aparece como una consecuencia inevitable de la negación y la ceguera emocional.
En este montaje, el escenario no solo representa un reino en ruinas: se convierte en el único testigo de la caída de un hombre que, al intentar dirigirlo todo —su familia, su legado, su narrativa—, termina enfrentándose al vacío.
La temporada se llevará a cabo del 7 de mayo al 7 de junio de 2026 en el Teatro Helénico del Centro Cultural Helénico, con funciones de jueves a domingo (jueves y viernes a las 20:00 horas, sábado a las 19:00 y domingo a las 18:00).
“Rey Lear” no es solo una obra: es una experiencia que confronta, incomoda y obliga a mirar de frente las fisuras humanas que, aún hoy, siguen marcando nuestras relaciones.

