Guerras del opio en la era nuclear.

Opiáceos y opioides: de la amapola al fentanilo.

Por: Raúl Arturo Hernández Malváez.

La humanidad ha convivido con las plantas desde que tuvo hambre y comió de sus frutos. Fueron plantas secas el combustible de las hogueras primitivas. Buscamos también alivio al dolor y la enfermedad en las plantas, por miles de años, con resultados notables en cada cultura, pero sin un saber concluyente sobre el efecto específico de sus componentes, hasta el desarrollo de la química moderna, de la mano de la ilustración, la revolución industrial y la sistematización del conocimiento científico, momentos históricos que paulatinamente nos han abierto los ojos a los procesos efectivos que se dan cuando utilizamos cualquier remedio.

Les atribuían entonces propiedades mágicas y simbólicas que algunas de ellas conservan hasta hoy, no siempre gozando de buena reputación o por el contrario, siendo consideradas deseables, místicas o incluso divinas, por su notable poder para cambiar nuestra realidad del sufrimiento al alivio, el olvido o el éxtasis.

Es así que escogí para este trabajo a la amapola (papaver somníferum) por su idoneidad para ejemplificar los aspectos que mencioné antes, así como     las profundas implicaciones económicas, sociales, políticas, militares y de salud que tiene esta planta.

La amapola y la goma resinosa que produce, el opio, así como sus múltiples derivados nos han permitido aliviar el dolor, pero también nos ha esclavizado como especie, al grado que no importa si no la consumimos ni participamos de su mercado, nos afecta directamente porque el control de este motiva niveles de violencia indescriptibles, de naturaleza criminal y hasta bélica, como ocurrió entre China y gran Bretaña en 1839 y 1842, donde el invasor impuso sus condiciones comerciales, ya por aquel entonces aprovechando el potencial adictivo del opio, incluso sin tener clara noción de los procesos neuroquímicos que explican la severa dependencia que produce.

De la mano del desarrollo tecnológico y el análisis molecular de las sustancias, propios del periodo de la posguerra, podemos comprender mejor los mecanismos que utilizan las drogas para actuar en el cuerpo, así que no necesitamos limitarnos a lo disponible para manufacturar nuevas medicinas, aún sin contar con la valiosa materia prima que es el opio, podemos sintetizar fármacos docenas de veces más potentes y efectivos, gracias a la contribución de psiquiatras, neurólogos y farmacólogos, aunque más tóxicos, con más efectos secundarios y por supuesto, más adictivos. Todo lo anterior también del interés de la gran industria farmacéutica.

Por lo anterior, definiré claramente tres partes para desarrollar el tema y postular mis conclusiones. En primer lugar, enlistaré los principales fármacos de prescripción por los que existe una epidemia de sobredosis en ciudades de Canadá y Estados Unidos, haré una relación de celebridades que fallecieron a causa de esta lamentable enfermedad, especificando con minuciosidad la droga o drogas de cada caso concreto y comparando las conclusiones de los médicos que realizaron las autopsias.

La segunda parte tratará los aspectos de producción global de opio, sus derivados y los opioides sintéticos, resaltando los países que tienen autorización para cultivarla y procesarla legalmente, la oficina para la fiscalización de estupefacientes de la ONU, así como los hechos recientes en Afganistán, el primer productor mundial de la planta, por la salida militar de Estados Unidos, el principal consumidor a nivel mundial, de la región, donde otras potencias nucleares tienen intereses encontrados, principalmente Rusia y China.

En la tercera parte hablaremos de México, como tercer productor mundial de la planta y principal proveedor del mercado norteamericano, desde los campesinos hasta los gobiernos y las acciones implementadas, las iniciativas de regulación y desarrollo humano y la estrategia de seguridad pública, así como los indicios de la epidemia de adicción a los opioides sintéticos que ya se dan en nuestro país, lo que se suma a otras emergencias de carácter humanitario que el narcotráfico ha causado por décadas, con el aval del poder o cometido desde la legitimidad misma.

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